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miércoles, 28 de mayo de 2014
martes, 27 de mayo de 2014
Se supera la cantidad de 400 ppm de CO2 en Hemisferio Norte
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) alertó que por primera vez las concentraciones mensuales de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera superaron el umbral de 400 partes por millón (ppm) en todo el hemisferio norte en abril pasado.
El CO2 permanece en la atmósfera durante cientos de años. Su ciclo de vida en los océanos es aún más prolongado. Se trata del gas de efecto invernadero de origen antropógeno más importante.
A medida que la concentración de CO2 en la atmósfera aumenta el suelo emite gases de efecto invernadero con un mayor potencial de calentamiento, como el metano y el óxido nitroso.
La consecuencia de este fenómeno sería que los ecosistemas terrestres no tienen tanta capacidad para mitigar el calentamiento global como se creía. Hasta el momento, los investigadores consideraban que el crecimiento de las plantas aceleraba la absorción de las emisiones de CO2, por lo que contribuía a la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, este último descubrimiento indica que podrían estar equivocados.
Los niveles de emisiones de metano y óxido nitroso provenientes del suelo son mucho menores que los de CO2, aunque su potencial de calentamiento es mucho mayor. En concreto, 298 veces más en el caso del óxido nitroso y 25 veces más en el caso del metano.
“Estos datos demuestran que la naturaleza no es tan eficiente ralentizando los efectos del cambio climático como se creía”, explica el doctor Kees Jan van Groenigen.
Para realizar el estudio se han examinado campos agrícolas, marismas, bosques y praderas de Europa, Asia y Norteamérica y todos los resultados han mostrado que a mayor concentración de CO2 en la atmósfera, mayores emisiones de metano y óxido nitroso. La razón de este incremento sería la presencia de microorganismos en estos ecosistemas, que emiten estos gases de efecto invernadero.
El CO2 permanece en la atmósfera durante cientos de años. Su ciclo de vida en los océanos es aún más prolongado. Se trata del gas de efecto invernadero de origen antropógeno más importante.
Según el boletín de la OMM sobre los gases de efecto invernadero, la cantidad de CO2 presente en la atmósfera alcanzó 393.1 partes por millón en 2012, es decir, un 141 por ciento con respecto al nivel preindustrial de 278 partes por millón.
Durante los diez últimos años, la cantidad de CO2 presente en la atmósfera ha experimentado en promedio un aumento de dos partes por millón por año, agregó la OMM.
La capacidad de los ecosistemas para mitigar el cambio climático es menor de lo que se creía, según revela un nuevo estudio.A medida que la concentración de CO2 en la atmósfera aumenta el suelo emite gases de efecto invernadero con un mayor potencial de calentamiento, como el metano y el óxido nitroso.
La consecuencia de este fenómeno sería que los ecosistemas terrestres no tienen tanta capacidad para mitigar el calentamiento global como se creía. Hasta el momento, los investigadores consideraban que el crecimiento de las plantas aceleraba la absorción de las emisiones de CO2, por lo que contribuía a la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, este último descubrimiento indica que podrían estar equivocados.
Los niveles de emisiones de metano y óxido nitroso provenientes del suelo son mucho menores que los de CO2, aunque su potencial de calentamiento es mucho mayor. En concreto, 298 veces más en el caso del óxido nitroso y 25 veces más en el caso del metano.
“Estos datos demuestran que la naturaleza no es tan eficiente ralentizando los efectos del cambio climático como se creía”, explica el doctor Kees Jan van Groenigen.
Para realizar el estudio se han examinado campos agrícolas, marismas, bosques y praderas de Europa, Asia y Norteamérica y todos los resultados han mostrado que a mayor concentración de CO2 en la atmósfera, mayores emisiones de metano y óxido nitroso. La razón de este incremento sería la presencia de microorganismos en estos ecosistemas, que emiten estos gases de efecto invernadero.
jueves, 22 de mayo de 2014
Lucha entre las hormigas para ser reinas
Los científicos han descubierto una sustancia que puede convertir a las hormigas en superhormigas.
El cuerpo de estas hormigas modificadas cambia por dentro. Su cerebro encoge un 25%, los ovarios se expanden hasta ocupar casi todo su abdomen y, lo que es mejor, pasan de poder vivir unos seis meses a varios años. Pero las hormigas agraciadas con estas transformaciones no necesitan tener superpoderes, sino poner una ingente cantidad de huevos: por ello, pasan de ser humildes obreras (una casta prescindible), dedicadas a proteger el nido y a conseguir comida, a auténticas reinas, cuya única preocupación es asegurarse la descendencia y volar en busca de nuevos nidos.
«Las reinas liberan una feromona al exterior de sus cuerpos que le dice a las obreras que su reina está presente, sana y poniendo montones de huevos», ha explicado Penick. Pero cuando la reina y la feromona desaparecen, la situación cambia en cuestión de horas. «Pronto, la mitad de la colonia comienza a luchar para reemplazar a la reina». Según explica, los combates son feroces pero no les provocan heridas.
«Ganar los combates incrementa los niveles de dopamina y esto lleva a los cambios físicos» que las transforman en reinas. Por el contrario, «perder baja los niveles de dopamina». Además, si la reina vuelve al nido en el plazo de unas horas, los niveles de dopamina retornan a la normalidad y la obrera continúa siendo obrera.
Pero, ¿cómo consigue esta molécula hacer estos cambios? Aunque aún no se conocen cuál es el mecanismo, se cree que algunos genes se «encienden» y otros se «apagan», un proceso que en Biología se conoce como «epigenética».
Cambios climáticos en la Tierra para el 2050
De los trópicos a los polos, el calentamiento global habrá transformado el planeta radicalmente en pocas décadas. Los impactos serán económicos y humanos.
La geotransformación ha comenzado. El planeta Tierra está cambiando de modo insólito y rápido. “A mediados de siglo las evidencias del cambio climático, en aspectos que ahora pueden no ser aún muy visibles, serán incontestables”, dice el experto Manuel de Castro, catedrático de Física de la Tierra de la Universidad de Castilla-La Mancha.
Muchos países no tendrán capacidad económica para poner en marcha medidas de adaptación que eviten los impactos más adversos. Los desarrollados seguramente sí, pero con un coste alto.
Las temperaturas seguirán aumentando y, hacia 2050, la media global será entre uno y dos grados más alta que ahora, dependiendo de cuántos gases de efecto invernadero se emitan. “Y eso es mucho: hay que tener en cuenta que se ha fijado, el límite de dos grados de aumento, aproximadamente, desde la época preindustrial, como máximo a no superar para evitar las peores consecuencias, y a mediados de siglo estaremos muy cerca o ya en esos dos grados”, continúa el especialista.
La convulsión del clima tiene múltiples manifestaciones, efectos y retroalimentaciones. “A mediados de siglo, el Ártico será un océano libre de hielo en verano, con importantes rutas de navegación y transporte marino, así como grandes puertos e infraestructuras asociadas”, describe Carlos Duarte, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA, CSIC-UIB). Y más sobre el Ártico dentro de 50 años: “Muchas especies asociadas al hábitat del hielo, como el oso polar, focas, morsas y algas, se encontrarán en un estado crítico de conservación o se habrán extinguido, mientras que muchas otras, como el bacalao, gambas, bosques de algas y praderas submarinas se habrán extendido creando nuevos ecosistemas con nuevas funciones y servicios a la sociedad”, añade este oceanógrafo experto en los confines septentrionales de la Tierra.
Una situación similar vivirá la Amazonia, que puede sufrir una deforestación acelerada por el efecto combinado de las sequías prolongadas y los incendios, como muestra un trabajo publicado en Proceedings, revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, firmado por el científico Paulo Monteiro Brando, del Instituto de Pesquisa Ambiental da Amazonia. “Las interacciones entre el clima y los cambios del uso de la Tierra pueden desencadenar la extensa degradación de las selvas amazónicas; los incendios de alta intensidad asociados a los fenómenos meteorológicos extremos pueden acelerar esta degradación incrementando abruptamente la mortalidad de los árboles”.
Tampoco el cambio en las temperaturas será uniforme, de manera que habrá entre un 20% y 70% menos días de frío extremo respecto a los actuales, especialmente en latitudes altas, mientras que el número de días de calor realmente alto aumentará entre un 30% y un 250%, sobre todo en latitudes medias.
La duración e intensidad de las sequías es probable que aumenten en regiones como la cuenca del Mediterráneo, Europa Central, Centroamérica, noroeste de Brasil y Suráfrica, apunta el catedrático de Castilla la Mancha. En la península Ibérica “los inviernos será un poco más suaves y, aunque seguirá habiendo días muy fríos, serán menos frecuentes; los veranos serán mucho más tórridos y las precipitaciones serán menos abundantes entre abril y octubre”.
Millones de personas notarán el cambio climático directamente en las regiones costeras que el mar, al subir, se habrá comido literalmente o erosionado mucho. Algunas islas, como varias del Pacífico, o las Maldivas, tendrán problemas serios de pérdida de habitabilidad por áreas sumergidas o por la salinización de acuíferos. Los deltas de los ríos se verán afectados, además de playas y costas en todo el mundo, con impacto enorme, por ejemplo, en el turismo.
Tomado de:Stuart Palley, El País
La geotransformación ha comenzado. El planeta Tierra está cambiando de modo insólito y rápido. “A mediados de siglo las evidencias del cambio climático, en aspectos que ahora pueden no ser aún muy visibles, serán incontestables”, dice el experto Manuel de Castro, catedrático de Física de la Tierra de la Universidad de Castilla-La Mancha.
Muchos países no tendrán capacidad económica para poner en marcha medidas de adaptación que eviten los impactos más adversos. Los desarrollados seguramente sí, pero con un coste alto.
Las temperaturas seguirán aumentando y, hacia 2050, la media global será entre uno y dos grados más alta que ahora, dependiendo de cuántos gases de efecto invernadero se emitan. “Y eso es mucho: hay que tener en cuenta que se ha fijado, el límite de dos grados de aumento, aproximadamente, desde la época preindustrial, como máximo a no superar para evitar las peores consecuencias, y a mediados de siglo estaremos muy cerca o ya en esos dos grados”, continúa el especialista.
La convulsión del clima tiene múltiples manifestaciones, efectos y retroalimentaciones. “A mediados de siglo, el Ártico será un océano libre de hielo en verano, con importantes rutas de navegación y transporte marino, así como grandes puertos e infraestructuras asociadas”, describe Carlos Duarte, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA, CSIC-UIB). Y más sobre el Ártico dentro de 50 años: “Muchas especies asociadas al hábitat del hielo, como el oso polar, focas, morsas y algas, se encontrarán en un estado crítico de conservación o se habrán extinguido, mientras que muchas otras, como el bacalao, gambas, bosques de algas y praderas submarinas se habrán extendido creando nuevos ecosistemas con nuevas funciones y servicios a la sociedad”, añade este oceanógrafo experto en los confines septentrionales de la Tierra.
Una situación similar vivirá la Amazonia, que puede sufrir una deforestación acelerada por el efecto combinado de las sequías prolongadas y los incendios, como muestra un trabajo publicado en Proceedings, revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, firmado por el científico Paulo Monteiro Brando, del Instituto de Pesquisa Ambiental da Amazonia. “Las interacciones entre el clima y los cambios del uso de la Tierra pueden desencadenar la extensa degradación de las selvas amazónicas; los incendios de alta intensidad asociados a los fenómenos meteorológicos extremos pueden acelerar esta degradación incrementando abruptamente la mortalidad de los árboles”.
Tampoco el cambio en las temperaturas será uniforme, de manera que habrá entre un 20% y 70% menos días de frío extremo respecto a los actuales, especialmente en latitudes altas, mientras que el número de días de calor realmente alto aumentará entre un 30% y un 250%, sobre todo en latitudes medias.
La duración e intensidad de las sequías es probable que aumenten en regiones como la cuenca del Mediterráneo, Europa Central, Centroamérica, noroeste de Brasil y Suráfrica, apunta el catedrático de Castilla la Mancha. En la península Ibérica “los inviernos será un poco más suaves y, aunque seguirá habiendo días muy fríos, serán menos frecuentes; los veranos serán mucho más tórridos y las precipitaciones serán menos abundantes entre abril y octubre”.
Millones de personas notarán el cambio climático directamente en las regiones costeras que el mar, al subir, se habrá comido literalmente o erosionado mucho. Algunas islas, como varias del Pacífico, o las Maldivas, tendrán problemas serios de pérdida de habitabilidad por áreas sumergidas o por la salinización de acuíferos. Los deltas de los ríos se verán afectados, además de playas y costas en todo el mundo, con impacto enorme, por ejemplo, en el turismo.
Tomado de:Stuart Palley, El País
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